Llevo estos días pensado mucho en Karanka y en como está hipotecando su futuro. José Miguélez desarrolla la idea en Sportyou. Coincido en todo.
Se ha instalado alrededor de Karanka, que ha cedido su voz a los mensajes incendiarios de Mourinho, cierto aire de compasión y solidaridad, de comprensión y justificación, de permanente disculpa. Lo que hace va en el sueldo, viene a propagar en su defensa esa corriente que pretende limpiar de responsabilidad a quien siempre pasó por un buen tipo.
Es evidente que Karanka obedece, que el ruido de sus palabras viene teledirigido por quien se esconde tras su espalda, pero el central ha llevado demasiado lejos esa sumisión que no viene contemplada en su contrato. Especialmente, desde que los periodistas le dejaron plantado ante la reiteración de lo que consideran una burla, que le den ayudante por entrenador en las conferencias de prensa. Karanka ya no se limita a pasar el trago y sortear el marrón de hacer las veces de Mou con respuestas evasivas o conciliadoras. Desde el día del plantón, el otrora defensa central pone especial énfasis a la hora de firmar personalmente el discurso de su jefe. Y hasta saca pecho por ello.
Está en su derecho Karanka a comportarse como quiera. Y mejor si está convencido de lo que hace y dice. Porque deberá cargar con su actuación durante lo que dure su carrera en los banquillos. Lo que no podrà ya es reivindicar esa imaginaria inocencia que pretenden adjudicarle los que tanto le quieren. No hay desesperación personal a la vista que justifique el sonrojante papel aceptado. Karanka es el dueño de su conducta. Y para bien o para mal, estos días le dejan marcado. Cuando acabe la era Mourinho, no le valdrá desmarcarse.